Una llamada inesperada

El teléfono comenzó a sonar de madrugada... No era algo excepcional después de cinco putos días recibiendo este tipo de llamadas, siempre a las 5 de la madrugada. El ritual que venía a continuación era una repetición diaria a la que mi cuerpo se había acostumbrado. El brazo, con la inercia adquirida, fue al encuentro del teléfono de inmediato. Levanto el auricular y pregunto:
—¿Si? ¿Diga? —una vez más, no hay señal. No se produce conversación alguna ya que la persona que hay al otro lado del auricular parece no tener intención de entablarla.
—¿Sí? —respondo de nuevo. Quizás en esta ocasión tenga más suerte, pienso.—¿Diga? —Pues no, no hay respuesta, no se oye ni voz ni sonido que me indique que hay alguien al otro lado.— ¡Mira! No sé quién coño eres, pero que tengas claro que llamar a estas horas, todos los días, para luego no decir ni mu comienza a cansarme. ¡Mañana mismo pienso ponerme un chisme de esos que localizan las llamadas y te voy a joder, pero que bien jodido, cuando averigüe quien eres, cabrón! ¿¿Me oyes??! —y como respuesta recibo el típico pi...pi...pi...
Me cago en la p... ¡A la mierda la meditación y el autocontrol!, me digo mientras cuelgo con rabia el teléfono. Vaya rachita que llevo... Primero, el zumbado de mi ex persiguiéndome durante un mes después de cortar con él, luego el chiflado al que le encantaba jadear cada vez que descolgaba el teléfono, y todo por poner aquel maldito anuncio en el barrio para intentar recuperar el anillo de la “yaya”. Y ahora, llamaditas de madrugada...
¡Ring! ¡Ringgg!
¡Coño! Esto si que es nuevo, me digo. Nunca ha vuelto a sonar el teléfono por segunda vez...
—¿Siii? ¿No has tenido suficiente, hijoputa? —digo gritando de nuevo al auricular. Pero un sonido distinto comienza a escucharse. Distorsionada, me llega una voz...
—¿A....na? ¿An....a?¿A....naaa?
—¿Si? —replico.
—¿Anaaaaa? ¿Eres tú? —se escucha con más nitidez.
—Sí, ¿quién eres? —vuelvo a contestar. Lo cierto... es que la voz me suena tan familiar...
—¿Anaaaa? Chochoooo, ¿pero qué le pasa a tu teléfono? Llevo cinco días intentando llamarte. Ya me estas devolviendo el billete de quinientos euros que te dejé prestado, que voy mal de pelas y necesito el “cash” urgentemente para lo que tu ya sabes, reina jajaja. ¿Me sigues guardando el secreto, no?
— ¿Manel? ¿Que coño haces llamando a estas horas? ¡Serás cabrón! Yo te mato...

Relato escrito por Lola Sarrión

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