Y se armó el belén

Como otro año más... ya llegó la Navidad. Y con ella el frenesí en busca de regalos, y las carreras por encontrar la mejor oferta para el menú de nochebuena, y la bondad, la alegría y los buenos sentimientos con los que se llenan la ciudad, igual que los mil adornos con los que se encargan de vestir comercios y calles, con el único propósito de incitar al consumidor a comprar y comprar, puesto que son fechas para derrochar, ya que sólo es Navidad una vez al año. ¡Falsos! ¡Hipócritas!

La odio, la odio, la odio tanto... que no sé si alguien podría llegar a imaginar la repulsión que me produce. Yo, precisamente que fui concebido expresamente para el deleite de la vista durante estas fechas. Yo no lo pedí, podrían haberme preguntado antes, ¿no? Detesto mi oficio, me avergüenza: estar bajo las miradas y las risas de los humanos, año tras año... es un suplicio, necesito huir. Lo tengo todo bien calculado y organizado, de estas Navidades no pasa. Huir bien lejos, donde nadie me encuentre. ¡Por fin, libre! Corre Paco, corre. Este es el momento, no hay vuelta atrás.

—¡Mamaaaaá! ¡Mamá!
—¿Qué pasa, Marieta?
—¡Mamá! Paco…
—¿Qué pasa con Paco?
— Paco, el “caganer"…. no está en el Belén...
—Lo habrá cogido tu hermano pequeño. Ve y pregúntale.

Relato escrito por Lola Sarrión

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