La molinera

La antigua fuerza del molino procedía de las aguas del río que bajaban bravías. Cuando se instaló la sequía me alivió dejar de escuchar su trémolo constante, repiqueteo circular clavado en mis sienes. Me alivió ver aquellos brazos gigantes detenerse en lo que sentí un abrazo en mis carnes. Musculosas aspas, como brazos de corsario llegado de ultramar, aquí, a este lugar sin aguas.

Un sol inclemente bañaba los yermos campos de fuego. A salvo me refugié en el fresco regazo del molino. Sin más trámites me abandoné a aquel placer donde el telón de fondo no era otra cosa que mi deseo, hasta entonces dormido.

Relat de Cris Solana

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