ANTES DE ADÁN Y EVA

 

Dios, en su eterna solitud, cuando hubo terminado de crear todo el Universo, pensó que sería bueno moldear unos seres a su imagen y semejanza. Para ello todos los días se entretenía recogiendo barro de los fondos de los ríos y con sus propias manos iba esculpiendo una serie de  estatuas de diferentes tamaños y formas. Sin darse cuenta, había acumulado suficiente producción para decidirse ya, qué pareja escogía para terminar su proyecto y colocarlos en el Jardín del Edén o Paraíso. Por supuesto se decidió por los más bellos y perfectos que le habían quedado, así como el resto de toda su obra. Los llamó Adán y Eva y los colocó en el maravilloso jardín para que fueran felices y se multiplicaran por sí mismos.

            ¿Qué haría entonces con el resto de estatuas? En principio pensó en destruirlas, pero se las estuvo mirando bien y le hizo pena, pues algunas de ellas sin llegar a la perfección de Adán y Eva también tenían su encanto. Se le ocurrió la idea de esconderlas en las profundidades del mar en un lugar desconocido que por siglos que pasaran nadie las pudiera encontrar.

            Luego se puso a pensar y creyó que Adán y Eva finalmente se aburrirían una vez hubieran recorrido todo el paraíso. Entonces creó a la serpiente y él mismo se desdobló en la parte oscura del mal. A ellos también les concedió el libre albedrío.

            ¿Y ahora qué? Ahora Dios es consciente que cometió dos graves errores al crear el mal y darles el libre albedrio. Es evidente que el hombre creyéndose un dios, más cerca cada vez del mal, es capaz de destruir toda su obra e incluso autodestruirse manipulando virus y haciendo experimentos indeseables. Siempre por eso le quedan todavía las estatuas escondidas en el fondo del mar.

 

                                                                            ROSER LORITE



Fotografia: Ariadna Graupera


           

 

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