Las cosas en su sitio

Rosas, rosas por todas partes… «Este año no tendré…», se lamenta mientras pasea mirando de reojo las paradas de libros. Cuántos ve que le gustaría comprarse… Pero no, ahora no puede permitírselo, por eso va directa a la parada de Llibre Viu, una asociación que se dedica a promocionar la lectura mediante el intercambio de libros usados, un consuelo para ella; el bálsamo para bibliófilos con pocos recursos.
Ya ha escogido tres, no quiere abusar porque no ha traído ningún ejemplar para intercambiar, pero la tentación le puede y sigue rebuscando entre los títulos expuestos. La luz que no puedes ver. Punzada en el corazón. «Como el que le regalé el año pasado por esta fecha…» Pasa los dedos suavemente por el título. Se tortura recordando su rostro de satisfacción al desenvolverlo, el infinito de sus ojos, la serenidad de su voz. No puede evitar cogerlo, hojearlo. En la primera página hay una dedicatoria. Punzada en el alma. «¡Mi letra…! ¡Mi firma...! ¡Maldito sea!» Y se lo lleva también.
Pasa ante un puesto en el que tienen rosas anaranjadas. Son las que le gustan. Se compra una. «Idiota, siempre me regalabas rosas rojas o azules, por más que te insinuaba que no me gustaban de esos colores».
Al llegar a casa la reciben loro, gato y perro.

—He de pensar un nombre para vosotros —les dice tiernamente.

«¡Imbécil! Nunca quisiste ponerles un nombre porque te habría hecho sentir más comprometido, más ligado a ellos. Como lo nuestro, que tampoco lo tuvo: tan abstracto, tan indefinido, tan absurdo.»
Pone la rosa en un florero del recibidor y el libro en la estantería, junto a otros ejemplares.
Las cosas empiezan a estar en su sitio; la vida tardará un poco más.

Relato escrito por Montserrat Pérez

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